Alma gemela

Te gustan los vaqueros duros,
los que mascan tabaco y cicatrices.
Porque la vida, dicen,
puede llegar a ser muy perra.
Sí, te gustan perros y vaqueros.
Pero a la vez muy indios.
Como Toro Sentado,
siempre atento al silencio;
a cultivar el alma
—la tuya—
con qué delicadeza, con qué mimo.
Ah, delicia de hombre.
Tú lo cautivarás.
Tú lo cultivarás.
Tú lo convertirás
en la amiga perfecta.


(Áspera nada, 2014)



La rendición

Llegamos a la paz por un acuerdo:
tú me entregas tus ojos;
yo, los míos.
Vamos sin miramientos
hacia la rendición total.
No imagino otra forma de quererte.


(Áspera nada, 2014)



Amor obrero

El deseo, la búsqueda;
la sedienta tensión
del pico y de la pala;
la gota de sudor
que recorre y no alcanza
la dicha del encuentro
sensible con tus ojos...
Esto, Señor, es lo que pongo yo
en nuestra misa a ciegas:
amor en un andamio.
Ni siquiera una cruz,
de puro miedo.


(Áspera nada, 2014)




Efecto Lázaro

A lo lejos, la fe te hace señales;
quisieras descifrarla.
Es una llama viva.
Tú y yo
llevamos varios años muertos.
Nos queda la esperanza
del efecto Lázaro:
que a través de la noche de los tiempos
nos llamen unos ojos
rugientes como tigres de Bengala.


(Áspera nada, 2014)




Remedia amoris

Los rectos moralistas aseguran
que el vino es la antesala del pecado.
Yo me inclino a pensar
que es el remedio,
la sangre fría necesaria
para aguantar con brío la embestida
de tus ojos nocturnos;
la tabla de madera en el naufragio.


(Un secreto temblor, 2011)



Eros es Dios

Me dicen que eres ágape,
dispuesto al sacrificio.
Y yo que sí,
                     que es cierto.
¿Y cómo no va a serlo
después de tanta Cruz y tanta Eucaristía?
Mas
           no olvidemos
tu amor en lo más hondo de mi carne;
el secreto temblor que nos recorre
en la cima del éxtasis.
Por no hablar —¡cielo santo!—
de esas misas salvajes,
cuerpo a cuerpo,
donde Tú te me entregas
con la pulsión a punto de romperse.
¿Y qué decir
del modo en que perdonas mis pecados?
Yo venga a hacer el tonto
—¡admirable constancia!—,
y Tú:
           Anda, amado mío,
levántate y no peques más.
Enjúgate las lágrimas
y vamos a querernos
a un lugar apartado.
Ven, vámonos,
que es tarde y anochece.

 

(Un secreto temblor, 2011)


 

Ardiente secreto

Esperaré a la noche
para contarte cosas que ya sabes.
Te cubriré la frente con mi mano
con cuánta lentitud, con qué misterio.
Hablaremos de fechas
extrañas para el mundo.
Y te sorprenderás.
¿Cómo entender la luz de dos hogueras,
la intimidad del fuego?


(Un secreto temblor, 2011)



Venus negra en Darfur

Tu vientre como cuna del misterio,
hostia santa, lista para el amor.
Los verdugos del miedo no sospechan
cómo tiembla la carne.
Sólo mutilan miembros descubiertos.
Hay una muchedumbre que te busca.
Escóndete, hermana,
y espera que otra vez se te conceda
el don acariciado de la vida.
Es hermoso tu cuerpo y eres negra.


(Un secreto temblor, 2011)



De vita poetica

Y a lo mejor la vida
no es otra cosa que eso:
llegar de noche a casa
(los niños, los deberes,
los deberes, los niños),
sentarse en un sofá,
prescindir de la tele,
y estar unos minutos
contemplando en tus ojos
la solución exacta
―el verso pertinente―
a todas mis preguntas.


(Bancos de arena, 2006)

  

 

Elogio a los poetas

Los poetas
―almas introvertidas, casi siempre―
se entienden a menudo con la vida
en muy pocas palabras.
                                          Son
para los charlatanes de este mundo
un ejemplo modesto de elocuencia.


(Bancos de arena, 2006)


 

Hombre gris

Las calles están llenas de ternura,
de manifestaciones espontáneas
de cariño.
Una muchacha pasa en bicicleta;
acelera de pronto y te regala
unos ojos cargados de colores.
Pero tú los esquivas
                                por si acaso:
no vaya a ser que escondan
un motivo añadido a tu tristeza.


(Bancos de arena, 2006)


 

Juicio inicuo

Como la araña,
el hombre escoge a veces la tristeza:
se esconde en un rincón
oscuro de su alma y vive a tientas,
urdiendo sus secretos,
su peligrosa malla de rencores.
Allí pasa las horas
encerrado en su reino.
Allí teje en silencio su desesperación.
Por su mente,
desfilan encogidos los agravios.
Los sienta en el banquillo,
los mira bien de cerca y dicta
la terrible sentencia:
ofensa imperdonable.
Acusador y juez se dan la mano.


(Bancos de arena, 2006)




Beatus ille

Por diversas razones
lo aconsejan:
descansa, amigo mío,
y vete con los tuyos
unos días al campo;
estrena un traje nuevo
(de sport a ser posible),
escucha tus cedés
favoritos,
disfruta del verano,
de las heladerías,
y déjate querer
al sol que más calienta.
Lo tienes merecido:
has trabajado duro
estas semanas.
Si quieres yo te dejo
mi coche,
o te busco una casa
en el monte,
o en la playa,
es lo mismo,
pero cambia de ambiente,
pasea,
estira las piernas,
                              anda,
haznos a todos el favor.


(Bancos de arena, 2006)

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